conscientes

Esteban y Antonia vivían en una casita. Un día, mientras hacían los deberes, Esteban dijo:

–¿Has pensado en nuestra casa? ¡Cuánta gente para construirla! El albañil, el carpintero, el electricista, el pintor...”

– Ya lo creo– contestó Antonia–. Nosotros no hubiéramos podido hacérnosla solos. ¿Te has fijado en que cada día necesitamos de los otros?

–¿Qué quieres decir? – preguntó Esteban.

–Por ejemplo, hoy hemos comido pan. Este pan, primero era trigo, que se sembró, se recogió el grano y se llevó a moler para hacer harina y el panadero ha hecho pan. Imagínate cuánta gente cuánta gente hace falta para poder comer un trozo de pan.

–Tienes razón. Los coches, los periódicos, los vestidos, las libretas que utilizamos en el colegio,... todo está hecho por mucha gente.

–Además, los bomberos, los médicos, los profesores, los electricistas, los arquitectos... Todos trabajamos para los otros. Todos nos necesitamos.

–¿Sabes? –dice Esteban. Me gusta que nos ayudemos cada día.

 

Preguntas:

¿Qué cosas utilizamos o consumimos que las han hecho otras personas?

¿Qué cosas hacen los demás por nosotros?

¿Sería posible vivir sin la cooperación de unos con otros?

¿Qué podemos hacer para que haya más ayuda entre nosotros,

para que se respeten más los derechos del niño?